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Separación de poderes
¿mito o realidad?
La división de poderes ya es una leyenda. La política, y más concretamente los partidos políticos, se han encargado de acabar con uno de los pilares constitucionales que mejor representaba la democracia española. Hoy tanto el poder judicial como el poder económico están completamente politizados, y vemos con absoluta normalidad como en los medios de comunicación se entablan discusiones sobre las simpatías políticas
de los magistrados que componen los principales órganos judiciales. Es más, vemos como algo normal que los partidos negocien la incorporación de los miembros de esos órganos, afines a unos u otros partidos.
Lo mismo ocurre cuando se trata de las cajas de ahorros, dominadas obscenamente por los partidos políticos y cuyos consejeros suelen ser personas no solo afiliadas a estos, sino que en la mayoría de los casos son altos cargos dentro de estos partidos. Esto que vemos normal hoy en día es una aberración que lo único que ha conseguido es que el ciudadano vea con desconfianza a los políticos y a los partidos a los que representan.
Los casos que vemos hoy en día, como el que instruye el señor Garzón contra el Partido Popular, no deja de ser un claro ejemplo de politización judicial. ¿Cómo puede ser que un señor que ha sido número dos de Felipe González, que es probadamente socialista, que ha tenido la desvergüenza de hacer público un sumario declarado secreto, que se reúne intencionadamente con el ministro de justicia cuando se inician las detenciones… pueda seguir llevando el caso y no se inhiba en favor de alguien más imparcial? Y ¿por
qué ahora?, ¿Por qué siempre salen casos de corrupción “populares” antes de unas elecciones?. Habría que retrotraerse a anteriores citas electorales para poder comprobarlo. El caso del alcalde de Alhaurín de la Torre detenido por la policía a la salida de un mitin de Rajoy en Málaga, con luz y taquígrafos, fue de los más sonados por su presunta implicación en delitos urbanísticos que nunca han sido probados. O tal vez la famosa “Operación Guateque” en la que varios funcionarios madrileños fueron arrestados por
el cobro ilegal de comisiones urbanísticas, y que el PSOE se encargó de proclamar y anunciar el arresto de altos cargos del PP por su implicación en los hechos, cosa que nunca ocurrió.
Podría enumerar infinidad de casos similares que surgen, curiosamente, antes de una campaña electoral, demostrando así que el ministerio fiscal no es más que un instrumento de represión política. Y eso con un gobierno socialista, ¿Qué pasaría si quien gobernase fuera el PP?... fascista sería el menor de los calificativos. Un último ejemplo, ayer saltó a la prensa que la policía tenía instrucciones de “capturar” inmigrantes ilegales para su deportación inmediata, preferiblemente de procedencia marroquí. El ministro
del interior lo ha confirmado y se ha disculpado, y con toda seguridad nada pasará. Si esto se hiciera en un gobierno de Aznar hoy habría miles de personas manifestándose en la calle acusándolo de xenofobia, de fascismo, etc. Judicialmente esto tendría sus consecuencias pero… la justicia está al servicio de quien gobierna.
Lo de las cajas de ahorros es otro asunto que clama al cielo. Los consejos de administración de las mismas suelen ser campos de batalla entre partidos políticos. La cuota de poder dentro de estos consejos garantiza la fluidez económica de los partidos y por tanto suelen ser “caramelos” muy apetecibles. En nuestra comunidad comprobamos hace algún tiempo como el señor Chaves se empeñó en fusionar Caja San Fernando con El Monte, de cuya fusión (con casos de espionaje incluido) nació la actual Cajasol. No satisfecho
aún ahora plantea la “Caja Única”, y también pretende fusionar, o comprar, la Caja Castilla La Mancha. Sus ambiciones económicas son ilimitadas y realmente sospechosas. ¿por qué un gobierno regional interviene, y dirige, operaciones mercantiles que en teoría le deberían ser ajenas?. El poder es insaciable, y la capacidad de acapararlo todo de los políticos es enfermizo, y muy perjudicial para nuestra joven democracia. Muchos de los asuntos de actualidad hoy en día podrían ser actualidad hace 40 años, cuando gobernaba
el dictador, pero nuestra maltrecha democracia nos permite cambiar las cosas cada cuatro años, aunque la mayoría de las veces votemos más con el corazón que con la cabeza.
Por Rafael Baena
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