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Hermandades, ¿para que os quiero?

Será o no cierto aquello de que la religión es el opio del pueblo. Sin duda, en Castilleja los es para algunos. Un opio evidentemente sano y muy lejano del acervo cultural comunista que lo enlazaba con la tontura colectiva del pueblo.

En Castilleja quien más quien menos siente apego a alguna de las hermandades tradicionales y los que no lo sienten se inventan nuevas o lo son de alguna de otro pueblo o de Sevilla. El caso es ser de algo, identificarse con algún ente colectivo cercano que nos de razón de identidad en un pueblo cada vez menos pueblo.

Dicho lo anterior creo que debo analizar el conjunto de componentes socioculturales que configuran el ser de las hermandades en Castilleja y para ello lo más efectivo es comenzar por el principio, es decir por el germen de la creación de las mismas. Imaginemos a una Castilleja inexistente en la cual se producía una lucha por el poder entre lo laico y lo religioso, no en el sentido actual de los términos, sino en el del siglo 15, 16 y 17. En aquellos momentos todos eran muy religiosos, por laico me refiero a la nobleza y por religioso a la entidad llamada Iglesia. Imaginemos una frontera entre un noble y una orden religiosa y la lucha por los territorios limítrofes ¿Cómo asegurarían ambos sus dominios?, pues muy simple con guardias de frontera. Como evidentemente no se trata de países distintos la división se produce por la acumulación en la frontera de personas, o mejor, vasallos de ambos contendientes que cada uno en su lado hagan de muralla humana para afirmar el dominio de su señor.

Ahora le ponemos nombres al noble ( Conde Duque de Olivares ) y a la Orden religiosa ( Frailes Franciscanos ) y tenemos las bases de la iconografía que representan: Santiago aposto por la Orden Militar de Santiago de la cual el Conde duque de Olivares llego a ser Maestre Mayor y La Inmaculada Concepción Patrona de la Orden Franciscana.

Poco a poco vamos encajando piezas y al final del puzzle aparecen las entidades que en aquella época eran fundadas al estilo de lo que hoy en día se hacen con la ONGs, las peñas futbolísticas o las asociaciones de mujeres. Hermandades de culto a unos determinados santos o imágenes religiosas que aglutinaban a personas de una sensibilidad o un perfil parecido, todo ello fomentado por el poder, tanto el religioso como el civil en busca del control de los movimientos sociales. La dualidad, tan cacareada de los sevillanos no tiene otro trasfondo que la dispersión de los esfuerzos para dirigirlos contra un prójimo cercano con unos iconos diferentes.

Castilleja se forjo por la lucha de dos poderes y al desaparecer esos poderes como tales pervivió el antagonismo que la creo en forma de competición religiosa sin el menor trasfondo bíblico ni cristiano, aunque sí católico.

El cura lo vio nada más llegar al pueblo y lo expreso públicamente, pero, y he aquí el quid de la cuestión, lo que no vio el cura fue que las dos hermandades no representa ningún tipo de esencia religiosa, muy al contrario, representa lo más arraigado del pueblo, son el mismo pueblo, su fundación, su razón de ser y la idiosincrasia que lo hace diferente a todos los demás.

Con las palabras anteriores ni aplaudo ni critico a los acérrimos a las hermandades ni a sus detractores, simplemente aporto mi visión particular de una razón de ser, es más soy de la Plaza y de Castilleja y me siento orgulloso de ello.

 

Por Juan del Río

 

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