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Ahora, a
propósito de una nueva campaña para la presentación de la declaración de la
renta-patrimonio, quisiera dedicarnos unas palabras a la inmensa minoría de
resignados y sufridos contribuyentes, (los ricos quedan excluidos de este
proyecto de salvación, Marcos 10, 22-25). El hecho que me
indigna es porque en España financiamos con 11,7 millones de euros mensuales a
la Iglesia Católica, aparte del dinero que recibe directamente del Estado y el
que se da a los colegios religiosos y por otros conceptos que más adelante
desglosaré: así pues, la Iglesia de
renuncia y caridad, nada de nada, de pobreza y humildad menos aún y de ayuda al
más necesitado, puro marketing, un trámite como quien cumple con una obligación
inexcusable de carácter público. Cuando alguien desde dentro de la Iglesia,
aplica la doctrina pura de estar con los pobres e indefensos y ayuda al más
necesitado, si no se somete a los cánones, la jerarquía lo elimina de la escena
por peligroso, (so pena de excomunión), al más puro estilo inquisitorial y
mafioso, con Ratzinger a la cabeza, tal y como sucedió en el caso de la
Teología de la Liberación: de nada sirve el gesto político de pedir perdón por
los pecados de la Iglesia para quedar bien, cuando la doctrina oficial y en sus
estatutos, reza aún aquello de "matar al infiel no es asesinato, no es
pecado", (véase "La Congregación para la Doctrina de la Fe,
institución vaticana de la cual Ratzinger fue máximo responsable, el catecismo
oficial, la encíclica "De Veritatis Splendor" por ejemplo). A pesar de que el mandamiento es claro: NO
MATARÁS y matar se mata de muchas formas, directamente o se mata lentamente
como a los pobres por omisión y acción indirecta.
Lo podré decir más alto pero no más
claro: yo con 11,7 millones de euros al
mes, los administraría para paliar la situación económica y de exclusión social
que viven los 8 millones de pobres que hay en España y con 1790 millones de euros, que es la fortuna
del Rey de España, estimada por la revista "Forbes" en 2003, acabaría
con el paro, que afecta a más de 2 millones de personas y no soy economista ni
político. La tentación de seguir con descalificativos como hipocresía,
manipulación, falsedad y mentiras me hierve, pero algún católico podría
sentirse insultado y agredida la Fe y su moral. Como no pretendo ofender sino
exigir que cumplan con su propia LEY y con la LEY DEL PRÓJIMO, así pues me
explico: yo respeto la sensación y el sentimiento de religiosidad en el ser
humano en general, pues percibo y comprendo la necesidad de creer en algo, como
instinto de supervivencia más allá de la muerte, de aferrarse a tradiciones
ancestrales hacia lo desconocido como presencia o muestra de algo superior,
mágico o divino y temerosos porque ese misterio crea y rige sus destinos.
Acepto las concepciones, pero no estoy dispuesto a aceptar ni respetar que
nadie pretenda imponer por la fuerza de la verdad absoluta, que nadie se
atribuya la posesión exclusiva de la Verdad para imponer como poder fáctico de
reverso tenebroso, convencionalismos económico-sociales que obligan e intimidan
a la gente a evitarse enfrentamientos, exclusiones o su propia ruina, ni las
oligarquías que ejercen esta persuasión coercitiva, (o dicho en lenguaje de la
calle "lavado de cerebro"), para satisfacer su propia ambición de
beneficios y poder de los de siempre.
Dicho todo esto, como hablar cuesta poco
y no sirve de nada criticar sino se
aportan soluciones, ahí va mi solución: dado que la Iglesia dispone en
usufructo lo que en realidad es patrimonio de todos (o sea del Estado), en
primer lugar, fiscalizar la Iglesia Católica en el sentido de que sólo sean
gastos fiscalmente deducibles, aquellos gastos que la Iglesia pueda justificar
como destinados exclusivamente a los pobres, el resto a pagar impuestos como
todos los contribuyentes: actualmente la Iglesia no paga el IVA (impuesto sobre
el valor añadido), la exención del IVA en todas las adquisiciones relacionadas
con el culto de la Iglesia y organizaciones afines, y la exención de la
declaración de la renta y del IRPF, cuando YA HACE MÁS DE UN CUARTO DE SIGLO
QUE LA IGLESIA SE COMPROMETIÓ POR ESCRITO
A AUTOFINANCIARSE ÚNICAMENTE, CON EL 0,5 % DE LAS APORTACIONES
VOLUNTARIAS DE LA DECLARACIÓN DE LA RENTA. En segundo lugar, de la aportación
voluntaria que hacen los contribuyentes a la Iglesia en sus declaraciones,
(pues tienen derecho a hacerlo si lo desean por sus creencias y yo lo respeto),
una reducción del porcentaje actual que es del 0,5239 % de la cuota íntegra al
0,2 % o inferior, proporcional a la actividad de la Iglesia en cumplir con sus
propios preceptos, el resto que lo gestione directamente el Estado para dar
trabajo a los parados. En tercer lugar, la renegociación a la baja de otras
ayudas económicas directas o indirectas que recibe la Iglesia por parte del
Estado: el año pasado (2005), la Iglesia Católica recibió 140 millones de euros
directamente y este año (2006), serán 144 millones de euros. Además, está el
dinero que se da en España a los colegios religiosos: los últimos datos que
facilita el Ministerio de Educación son de 2003. Aquel año, las distintas
administraciones públicas (el Estado y las comunidades autónomas) les
reportaron a los centros católicos de enseñanza privada y concertada 3.692
millones de euros. La Ley vigente hasta ahora, y también la actual LOE, exige
que los colegios concertados (subvencionados, y por lo tanto, no privados
puros) deben ser GRATUITOS y seguir los mismos criterios de admisión que los
públicos. Pero un dato demuestra que ello no se cumple: las escuelas
concertadas sólo acogen al 30% de los inmigrantes y cobran cuotas por otros
conceptos. Por último, dentro también de esta solución, quedaría realizar un
estudio de viabilidad para una desamortización de los bienes de la Iglesia, al
estilo "Desamortización de Mendizabal", con el objetivo de acabar con
la especulación inmobiliaria, patrimonial
y de las herencias familiares por parte de la Iglesia, ya que ésta amasa una gran fortuna con
capacidad para ejercer el control sobre un gobierno.
Para concluir esta pequeña
aportación, y según lo expuesto, afirmo y pongo la mano en el fuego, que la
redistribución de la riqueza es posible y no es una utopía, sólo hace falta
valentía, ser justo y honestidad, para aplicar con pragmatismo acciones
concretas, e ir más allá de las palabras reaccionarias y gestos de unos o el
talante y la sonrisa amable de otros, que no sirven de nada al ciudadano. Vade
Retro.
P.S.: A
fecha de hoy, la Iglesia aún tienen la cara y la poca vergüenza de pedir el
aumento al 0,8 % de la aportación de la declaración de la renta. Mientras el
ministro Caldera, anuncia el "retoque-recorte" de las pensiones de
viudedad, como siempre perjudicando y recortando por abajo, asi que de
socialistas nada de nada.
Joan Pere;
nauiba@hotmail.com
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