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La verdad es que esta es una de esas lecturas que no me ha dejado
tiempo para otra cosa que no fuera trabajar, comer o dormir (bueno, también he
encontrado tiempo para otras cuestiones, pero me han tenido que secuestrar) y es
uno de esos libros que se puede aconsejar sin ningún problema a cualquiera que
se quiera acercar al género por primera vez.
Lo tiene todo; viajes espaciales, alienígenas sorprendentes, alta
política, emocionantes batallas, un notable grado de respeto por la ciencia,
romance, conspiraciones, traidores... en fin, que nadie saldrá decepcionado de
esta lectura que personalmente recomiendo.
Lo que no quiere decir que LA PAJA EN EL OJO DE DIOS alcance
la perfección como novela ni como narración. Que entretiene y sorprende es su
mejor baza, pero que también es una novela excesivamente larga y dispersa en
objetivos y contenido tampoco se puede negar. De hecho, pese a ser una de las
favoritas de casi todo aficionado a la ciencia-ficción, no ganó ninguno de los
grandes premios (cuando esos premios se concedían con mucho más fundamento que
hoy día), ni se reedita con regularidad.
Entre la crítica especializada no despierta gran entusiasmo y por
ejemplo, David Pringle no la considera una de las 100 mejores novelas
anglosajonas de ciencia-ficción de todos los tiempos entre 1949 y 1984, aunque
tampoco está de más añadir que el gusto de Pringle es un tanto...
particular (elegir para esa lista cosas como EXPRESO NOVA o CAMINANDO
HACIA EL FIN DEL MUNDO no tiene otro calificativo)
Y todo esto quizá sea porque LA PAJA EN EL OJO DE DIOS es
irregular y deficiente en algunos aspectos. Por lo pronto, la novela tal y como
está estructurada, parecía pedir que se hubiera dividido claramente en las tres
partes que la componen; la primera, en la que se describe el universo
donde se desarrolla la acción, se presenta a los personajes, se descubre la
existencia de los alienígenas y se prepara y efectúa el viaje hacia el planeta
de los mismos, una segunda, en la que se relata el contacto y las consecuencias
que esto provoca, y una tercera en la que, ya de vuelta en el espacio humano, se
resuelven los conflictos planteados. Con la aversión que le tengo a las series y
sagas, agradezco que Niven y Pournelle se dejaran de malabarismos
editoriales y se limitaran a un único volumen, pero con todo, casi seiscientas
páginas son excesivas para cualquier libro.
Y más aún cuando hay partes que podrían haber suprimido sin ningún
problema. Como la única mujer que aparece en toda la novela. Es más un estorbo
que una aportación positiva. Digo yo que los autores la incrustarían para darle
el toque romántico a la narración, supongo, pero esos detalles no son
precisamente algo que exija fervientemente el aficionado, además la dama sobra,
no hace más que dar el toquecito rosa al asunto y ahí se acaba toda su
aportación.
Por otro lado los personajes humanos son tan sosos y estereotipados
que resultan perfectamente intercambiables (acabé la novela sin tener una idea
clara de la estructura de mando de la MacArthur) todos dicen lo que
tienen que decir y hacen lo que tienen que hacer, sin muchas complicaciones,
pero con una rigidez y falta de credibilidad espantosa.
Pero enfrente de los humanos están los pajeños, los habitantes del
sistema de La Paja. Y si los humanos resultan desagradablemente artificiales,
los pajeños están soberbiamente dibujados. Pese a su extraño aspecto, su
sorprendente estructura social, su genial habilidad mecánica y su particular
forma de pensar, resultan ser más humanos que los humanos, y aún cuando
estos últimos descubren (o más bien deducen hábilmente, demasiado hábilmente
para mi gusto) el terrible secreto de los pajeños, el lector siente más simpatía
por los alienígenas que por sus congéneres.
La narración en si misma no sigue una línea bien definida, pasa de
la más absorbente emoción a pasajes francamente pesados, y el lastre de la
chica, los intercambiables oficiales de la McArthur, y la ausencia
de más fragmentos donde los pajeños tengan el protagonismo hacen que LA PAJA
EN EL OJO DE DIOS no sea una novela perfecta, desde luego, pero garantizo
que no aburrirá y dejará muy buenos recuerdos a quien la lea.
© Francisco José Súñer Iglesias, 1 de febrero de 1999
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